
La convergencia de los estudios universitarios europeos comenzó a fraguarse en las propias aulas gracias a los programas de intercambio inaugurados en los años ochentas del siglo pasado, y cuyo exponente más simbólico sigue siendo el Erasmus.
Esa misma capacidad de estrechar vínculos transnacionales puede convertirse en la generadora de un espacio universal para la educación superior desde Europa hacia el mundo, con programas como el Atlantis, el Schuman-Fulbright o Erasmus Mundus.





Declaración de Bolonia


